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Grandes escenas

The Warriors (1979), Walter Hill.

Película de culto que todo joven de espíritu debería ver ya mismo. Durante una reunión de las más grandes pandillas de New York, Los Warriors son acusados falsamente de matar a Cyrus, el líder del grupo más grande, los Riffs. Allí comienza una persecución por toda la ciudad, donde los acusados intentan volver a su hogar, Coney Island, y en el camino intentan demostrar su inocencia.

Escena sublime:

Aunque para algunos puede ser considerada una película clase B o simplemente de acción, el director Walter Hill logra filtrar una escena genial  que muestra con gran simpleza, casi sin diálogos y cierta poesía, las diferencias sociales entre los pandilleros y unos chicos ricos que comparten el subte con ellos. Verla, aquí.

La lógica del cine

  • I Hoy fui a cubrir un “roadshow” (una suerte de adelanto) de la película 10.000 A.C, la última de Roland Emmerich, el director de tanques como El día después de mañana, Godzilla y Día de la Independencia. Llegué puntual y pude disfrutar un sofisticado desayuno prensero (medialunas, jugos, tortas, quesos y frutas), todo ambientado con una cierta extrañeza, por ejemplo, en un rincón de la mesas habían volcado prolijamente una montañita de yerba mate y al lado se podía ver una torre de mates de acero apilados, el conjunto era casi una instalación posmoderna, sin embargo no se podía tomar mate, solo café, té o jugos.
  • II La fauna de periodistas de cine es muy especial, y rápidamente uno puede detectar quienes son los que laburan en tele (usan traje), los que llevan años en la lucha (usan maletines de cuero negro y camperas de tela azul o beige) y quienes son aprendices y escriben para una revista ocasional o en Internet (look deportivo, cargos, anteojos de marco, cortes de pelo muy estudiados). Como no conozco a nadie, me quedé a un costado, comí sin complejos y observé casi como un antropólogo lo que sucedía. Olvidé detallar que como culminación de la afectada ambientación del catering, que incluía pedazos de madera sobre los que graciosamente habían colocado una palmerita o tubos de ensayo que habían rellenado con ensaladas de frutas, yacía sobre nuestras cabezas una suerte de red de pesca con pedazos de cuero, o algo así. Luego, al ver fragmentos de la película, entendí que esa decoración era una clara evocación a una escena que muestra la caza de mamúts que practicaban nuestros antepasados con redes. Hay que saber observar con detalle.
  • III Pasamos a la sala, nos sentamos y aparece en escena una mujer que se presentó como la representante de Warner, la distribuidora de la película, nos agradeció a todos por estar allí y nos invitó a ser “socios” en este nuevo lanzamiento de la compañía, todo con un claro tono imperativo, llamándonos a reaccionar y a defender la causa “10.000 A.C ” casi como si fueran niños infectados y condenados a morir de hambre que necesitaban nuestra ayuda urgente. Luego apareció el director de la película en persona, Roland Emmerich, quien nos introducía cada una de los cortos fragmentos que íbamos a ver de 10.000 A.C, película que está ambientada obviamente es ese contexto histórico e intenta retratar cómo era el hombre por esos años. Lástima que no es más que un pastiche que por momentos copia cierta mitología de El señor de los anillos, tiene arengas a lo Corazón valiente , utiliza actores supuestamente nativos como Apocalypto y mezcla a los mamúts con las pirámides egipcias sin mucha convicción. Un resumen bastante básico del  mito del héroe: la historia del hombre ordinario al cual se le asigna una misión extraordinaria que lo va a convertir en héroe luego de sortear varias dificultades en el camino. La idea de la transformación, uno llega al destino distinto de cómo salió. Emmerich cuenta que recorrieron casi todo el planeta buscando los actores, que fue un casting muy exigente y duro, luego uno ve al protagonista (actor desconocido, músculos de rigor, cara cuasi-indígena, dreadlocks, incapacidad para trasmitir alguna emoción, ya sea ansiedad, miedo, alegría) y se da cuenta de que perfectamente podría haber integrado el plantel de Clave de Sol o La banda del Golden Rocket.
  • IV E mmerich nos subraya el mensaje de la pélicula, “quiero trasmitir la idea de unión, nuestro héroe une a las distintas razas que aparecen. No como hoy, que como planeta estamos desunidos”. Uno se pregunta qué necesidad tiene de dejar un mensaje edificante una película que está hecha sólo para entretener, pero es verdad que todos tienen derecho a dejar un mensaje en la vida, un epitafio.
  • V A mi lado se sentaron una chica y un chico, la chica, por lo que deduje era estudiante de cine y acababa de empezar a trabajar en Warner, le confesaba al chico: “me di cuenta que tenía que dejar los cines de barrio y laburar para las grandes ligas, es así, ahora estoy viendo a directores que la pegaron pero que tienen su toque personal, como Trapero o Coppola. Quiero hacer un cine de ese tipo, que tenga éxito pero que a la vez sea personal. Me parece que mi corto tiene esa cosa exitosa porque tiene un final sorpresivo”.
  • VI Termina la proyección, y luego de que nos hayan tirado un mamut por la cabeza, aparece nuestra amiga de Warner y lanza un “wowww”. Llegan las preguntas del público: Axel Kutchevasky pregunta excitado cuántas tomas de efectos especiales hizo el director, Roland contesta: “600”.
  • VII Hay películas de Hollywood que me encantan (El vengador del futuro, la saga Indiana Jones, Tiburón, y miles más) y he visto Solaris de Tarkovsky y me pareció un plomo insoportable. Es interesante ver y conocer cuál es la lógica del cine actual expresada por el propio director. Nuestra jefa de Warner nos despide, y nos profetiza que la película “va a ser un blockbuster, estamos seguros de eso. Sólo necesitamos de ustedes, necesitamos lobbystas.”
  • PD: Mañana tengo que ir a una conferencia de Antonio Banderas, el orden del día de la charla con Banderas es:   -cine.  -su aspecto solidario.   – su perfume.

La caída de los ídolos

  • Me invitaron a ver la privada de Luca, la película, una nueva revisión de la caótica vida de Luca Prodan, el cantante de Sumo, esa banda que estaba buena cuando imitaba a Joy Division, pero después se chaboneó, se futbolizó, igual que casi todo lo llamado “rock argentino actual”. Luca me pareció siempre un tipo simpático, abierto, sus noches tomando ginebra y conversando con cualquiera, el Abasto. Creo que lo más interesante que hizo fue traer discos que acá no se conocían (Joy Division, Nick Drake, Peter Hammill) y mostrárselos a sus amigos. Alguna vez hablé con un par de personas que se cruzaron con él y me contaron que no era gran cosa, parece que el halo de “genialidad” que le atribuyen no era tal, lo creamos nosotros, los mortales, tal vez poniendo en esa persona todos nuestros deseos cobardes. Pobre Luca, parece que en el fondo era muy tímido, muy inseguro, como cualquiera de nosotros. Igual que Charly García.
  • Me acuerdo que a los 15,16 años me compré un cassete que se llamaba “Invasión 88”, era un compilado de bandas punk argentinas, yo iba a un colegio muy católico y conservador y mi forma medio autista de rebelarme era escuchar esas bandas que tenían nombres como Comando suicida, Rigidez Kadavérica, Los Laxantes, Flema, todo muy excitante y extraño. Me pasaba las tardes en la Bond Street en la época en que entrabas y había un grafitti que decía: “no te confundas, esta galería mezcla balas con skate”. Ahí me pasaba horas buscando algún poster de Génesis o Marillion y leyendo revistas Pelo viejas. Sí, era medio contradictorio, me gustaba mucho el rock sinfónico (King Crimson, Camel, Gentle Giant) pero escuchaba punk contestatario, mal grabado y gritón. También me colgaba viendo las fotos de los Sex Pistols, la pinta de los cuatro pistolas era algo que atraía a cualquiera, esa pose provocadora y sucia me causaba admiración y respeto. Hace un par de años vi un documental sobre el punk rock en los 70 y la desilusión fue grande, los Sex Pistols no eran más que cuatro idiotas, casi retardados, quemados por aspirar pegamento. Los mostraban dando una entrevista, haciendo lío, y daban lástima, eran cuatro estudiantines en Bariloche tratando de prender fuego la nieve. Una idiotez. Su supuesta rebelión y choque contra el sistema y la Reina no eran nada, sólo una remera que decía “Odio a Pink Floyd”.
  • Temo que con Luca, la película me pase lo mismo. Lo van a mostrar como el tipo que inventó el “fuck you”. Un día me crucé con el hermano de Luca, Andrea Prodan, en el Gran Rex viendo a Lou Reed en el 96, estaba con su mujer embarazada, esperando su primer hijo, me contó que era actor y que venía de protagonizar una película en Italia, me dejó un teléfono para llamarlo, muy cordial, sencillo. Buena gente. En el fondo era uno más entre todos que escuchaba y cantaba “Satellite of love”.

5 razones para ver a Win Wenders (nota escrita para la revista Cinemanía de Junio de 2006)

5 razones Wim Wenders

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Humanista, observador y transmisor incansable de la complejidad de las personas y de sus conflictos existenciales, multipremiado, y no por Hollywood, sino por festivales prestigiosos (Cannes, Berlín, Venecia), el director alemán es además un curioso fotógrafo y un melómano exquisito.

Contemplación y parsimonia
Su saga más ¨aérea¨ (Las alas del deseo, Tan lejos, tan cerca) se mueve entre lo etéreo y la sordidez del mundo. Angelotes caídos buscan salir de la morosidad puritana para lanzarse a la vida y ver las cosas en colores, todo con el trasfondo de una Berlín dividida. La banda sonora, con un cameo inquietante de Nick Cave y su grupo The Bad Seeds tocando en un club berlinés, y la notable actuación de Bruno Ganz (su actor fetiche), como Damiel, el angel harto de consolar a los desolados terrestres y con ansias de sentir cómo es el gusto del café y enamorarse, merecen la visión de la primera parte de la saga.

Buscador de caminos
Sus primeras películas Alicia en las ciudades (1974), Wrong move (1975) y Kings of the road (1976) son claras muestras de la obsesión de Wenders por las road movies y su significado existencial. Un escritor desesperado no puede manejar su frustración ante la hoja en blanco y se lanza a los caminos como vía de redención (Alicia en las ciudades). La angustia que nos trasmitía ese personaje se amplifica y perfecciona en su obra maestra, Paris, Texas (1984), Wenders nos permite dar una vuelta por el desierto de Texas con Travis (Harry Dean Stanton), un delicioso perdedor- perdido que busca quién sabe qué. La escena final de la charla telefónica en el peep-show entre Travis y su omitida mujer, una irresistible Nastassja Kinski, son una perfecta síntesis del amor más descarnado y sincero.

Saxo y violines
No busquen excesos en sus películas, el erotismo se evidencia en escasas escenas timoratas. La violencia extrema y con tintes coreográficos, tan en boga en el cine actual, es una mala palabra en su decálogo. Las tensiones se perciben en el ambiente, en paisajes abismales y librados al azar, en personajes angustiosos y deseosos de consuelo. Como él mismo lo explicita: ¨sexo y violencia no fueron nunca mi tema, yo estuve siempre más con el saxo y los violines¨.

El rock es mi forma de ser
“El rock and roll salvó mi vida”, confesó Wenders, como tantos otros alguna vez, “es el tipo de música que me dio un sentimiento de identidad, que me mostró que tenía derecho a disfrutar, a imaginar, a hacer algo. Si no fuera por el rock, hoy sería un abogado”. Sus contribuciones para documentar y sacar a la luz a oscuras gemas de la música son muestra de su pasión por los artistas como seres talentosos y atribulados, buen ejemplo es la aclamada y tierna Buena Vista Social Club (1999), realizada junto a su amigo Ry Cooder o su capítulo de la historia del blues, The Soul of a man (2003), producida por Martin Scorsese, en donde escarba en las raíces de la música popular americana. Todas sus bandas sonoras son fuentes de evocación.

Actualidad en el post western
Su última creación es Don’ t come knocking, su segunda colaboración con Sam Shepard, y que el propio escritor norteamericano protagoniza. Descripta por los propios autores como una suerte de “post western”, cuenta la historia de Howard Spence (Shepard), una ex- estrella del cine western que se alimenta del rencor y da muestras de su patetismo a cada paso que da. La posibilidad de tener un hijo perdido parece ser su última esperanza. El elenco cuenta con Jessica Lange y Tim Roth. La música muestra al mítico T- Bone Burnett.

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Perfil
Nace el 5 de marzo de 1945 en Düsserdolf, Alemania. Estudia medicina y filosofía, pero los abandona prontamente para probar suerte como pintor. Su falta de talento es marcada, y es rechazado en la Academia de París. Comienza a trabajar en un atelier, y se vuelve un visitante habitual de la cinemateca francesa, llegando a ver hasta cinco películas por día. La pantalla grande lo hipnotiza. De vuelta en Alemania, inicia sus estudios de cine en la misma escuela en la que fue rechazado R.W Fassbinder (como respuesta a la negativa, Fassbinder se larga a filmar cortos para que vean su gruesa equivocación), y colabora en varias revistas como crítico. En 1971 se une a otros catorce jóvenes directores alemanes para formar una cooperativa de producción y distribución de películas, lo que luego se tranformaría en el ¨New German Cinema¨. Esta modalidad de producción independiente lo acompañaría durante el resto de su carrera.
Llega la prosperidad
En 1977, presenta El amigo americano, con apariciones memorables de Samuel Fuller y Nicholas Ray, que llama la atención de Francis Ford Coppola, quien lo invita a sumarse a Zoetrope para filmar Hammett. 1982 es el año de los primeros reconocimientos, El estado de las cosas gana el León de Plata en el festival de Venecia. Luego encuentra en el escritor Sam Shepard una prestigiosa musa para escribir historias, juntos idean el guión de París, Texas, basado en las Crónicas de moteles de Shepard. La película es premiada con la Palma de Oro en Cannes (1983). La fama y el público aumentan.
Las alas del deseo (1987) lo consagra definitivamente, y obtiene un nuevo premio en Cannes, ahora como director. Mostrando su generoso carácter dona los 5 mil dólares del premio a un joven director canadiense, Atom Egoyan. En esa época comienza a publicar sus primeros libros de fotos, con los que trasmite su fascinación por los paisajes desolados del oeste americano. 1991 marca el fin de un largo anhelo para el director, completa la filmación de Hasta el fin del mundo, su grandilocuente proyecto de ciencia ficción, previamente había homenajeado en Tokyo- Ga a su maestro, el mítico director japonés Yasujiro Ozu.
Casado en seis oportunidades, trabajo con cada una de sus mujeres en alguna de sus películas. Con el Hotel del millón de dólares (2000) afianza su relación con Bono, el mesiánico líder de U2, quien sentó las bases del guión y escribió la banda sonora. Y en Tierra de abundancia (2004) da su mirada sobre los norteamericanos post 11 de septiembre: dolor, paranoia y confusión.
“Cuando empecé a hacer cine, pensé que solo sería para hacer visible el mundo de lo visible. Yo creía que el cine se inventó para este mundo físico —que se ve—, pero después empecé a darme cuenta que el cine, precisamente, tenía esta magia de poder hacer visible lo invisible. Creo que ésto lo aprendí – explica Wenders- cuando estaba haciendo Cielo sobre Berlín (1987) y luego lo intenté otra vez con ¡Tan lejos, tan cerca! (1993) y desde entonces empecé a hacer las dos cosas, enseñar el mundo y luego lo que hay detrás de éste”.