Luz

9 de julio. Se despiertan, desayunan, se bañan, vuelven a la cama, ponen un nuevo DVD con capítulos de Friends, se rien, pasan las horas, siguen mirando Friends, se vuelven a reir, comen caramelos de goma. María dice: “me duele la panza”, siguen mirando Friends, la panza de María es enorme, tiene 9 meses de crecimiento continuo. Se mueven los dos cinco metros hasta el living para comer: milanesa con pure, vuelven a la cama, “creo que tengo contracciones” dice María.  Siguen viendo Friends. Ahí viene una… y otra….y otra…., llamemos a la partera, “hola, sí,…¿Cada cuánto son las contracciones, cuánto duran?.. ¿esperamos entonces?”, dos horas más de contracciones, los capítulos de Friends se acaban, el marido de María anota en un papel cada contracción, duración y lapso de tiempo entre una y otra. María anticipa cada una con un “ahi viene”. Luego de un par de horas de contracciones su marido mirá el papel con las anotaciones y empieza a ver tendencias, coincidencias, posible teorías “fijate que tuviste tres seguidas de 2 minutos y luego una de 1 minuto y medio y luego otras tres seguidas de 2 minutos, acá hay algo”.  Siete de la tarde, la televisión apagada, “en dos horas nos encontramos en el hospital, va a nacer”, dice la partera.

Llegan en taxi, bajan, la partera está en la vereda, pasen, vamos al cuarto. Otra hora de contracciones en cuarto de hospital, blanco, sin olor, sin nada. “Tenemos que ir a cesarea” dice la partera, María llora. “Usted cambiese, pongase esta ropa, lavesé las manos y espereme ahí”, le dicen al marido.

Ella está recostada en la camilla, él detrás, separado por una cortinita celeste, junto a él un anestesista y un cardiólogo.“Viste que me compré un perro nuevo” le dice el médico uno al médico dos mientras abren la panza de la paciente tres, María. “Ahi viene, correte un poco que lo sacamos”…”Hola soy Simón, hola soy papá”, se escucha. “Creo que me estoy sintiendo mal”, dice el marido. “Hola, te desmayaste” le dice el anestesista al marido. “Ya lo sé…estuvo bueno, soñe algo lindo”. El médico le saca una foto al marido, “para que tengan de recuerdo” les dice. La foto es rara, se lo ve sonriente, sentado en el piso del quirófano, una cofia blanca le cubre el pelo y está completamente vestido de amarillo, sobre la cabeza tiene un aura de luz extraña, es la luz del quirófano que lo apunta, la luz que vio Simón por primera vez.

Grandes escenas

The Warriors (1979), Walter Hill.

Película de culto que todo joven de espíritu debería ver ya mismo. Durante una reunión de las más grandes pandillas de New York, Los Warriors son acusados falsamente de matar a Cyrus, el líder del grupo más grande, los Riffs. Allí comienza una persecución por toda la ciudad, donde los acusados intentan volver a su hogar, Coney Island, y en el camino intentan demostrar su inocencia.

Escena sublime:

Aunque para algunos puede ser considerada una película clase B o simplemente de acción, el director Walter Hill logra filtrar una escena genial  que muestra con gran simpleza, casi sin diálogos y cierta poesía, las diferencias sociales entre los pandilleros y unos chicos ricos que comparten el subte con ellos. Verla, aquí.

Construyo puentes

No sé cuándo se le ocurrió pintar el piso de celeste a Mamá, ahora hay un mar entre la ventana y mi cama.Todos los días, cuando llego del colegio, como un sandwich de queso y voy a mi cuarto a seguir construyendo puentes con libros. Mi camioneta playmobil hoy cruza sobre La hormiguita viajera, sigue por El mono relojero y se estaciona en Marta y Jorge. Upa es la rampa por la que llego al barco, una enorme, viejo, del cual me da bronca que no tenga todas las chimeneas completas, hay dos que están rotas. Igual, como no tengo una hermanita a quien echarle la culpa de eso, nunca sabré quién las rompió.

“Mamá tiene un problema”, me dijo un día mi hermano mayor. Fue cuando me quise ir de casa y vivir en la plaza de enfrente. Ahora ya no tengo ganás de irme, aunque a veces sí, es que me divierto jugando acá, los libros que uso de puente, los autos, el piso celeste.Mamá me hace demasiados regalos y yo siempre le tengo que decir que no a todo lo que me ofrece: ¿querés más alfajores?, ¿ te compró más coca cola? No, no, no… No sé porque lo hace, siempre está pendiente de lo que quiero, y claro mis amigos se aprovechan y se comen todo, y a mí me da vergüenza tener esta madre. “Mamá es así…”, me dijo la otra vez mi hermano, “cuando seas grande se lo vas a poder contar a tus amigos”, me explicó.Ayer ella entró al cuarto, ya era de noche, se golpeó con algo, se acercó a mi cama, me abrazó y con un olor raro me dijo perdoname. Yo me hice el dormido y me pregunté qué pasaba en esta casa donde hay un mar en mi cuarto y yo debo usar libros para no hundirme.

Hablando de libros, se nos fue Holden…


Someday I’ll walk away and be free and leave the sterile ones their secure sterility. I’ll leave without a forwarding address and walk across some barren wilderness to drop the world there. Then wander free of care like an unemployed Atlas.

Vivan los árboles!

Llegó el Ipad y uno se pregunta:

¿ Se terminará la tala de árboles?, ¿en 100 años no habrá mas librerías?, ¿…y bibiotecas en las casas?,  ¿cómo sabremos qué está leyendo otra persona en el subte sino podemos ver la tapa?, ¿se extinguirán las ratas de biblioteca, y las de laboratorio?, ¿ el libro será un objeto de lujo, hecho solo por encargo ?…¿ los “libros” pasarán a ser un “mp3” más en los archivos del usuario?, ¿ leeremos solo algunos capítulos como escuchamos solo algunas canciones de un disco?

Creo que que el Ipad va a revolucionar sin dudas toda la idea de “lectura” como se viene haciendo hasta hoy, el acto de leer será otra cosa y para algunos puede ser terrible y para otras algo fascinante que va a generar miles de nuevas oportunidades…Veremos, por lo pronto sigamos leyendo y pasando las hojas al viejo estilo…

Vidas irreales (I)

En mis ratos libres hago dibujos con un marcador finito y en unas hojas que compro en una librería de la Avenida de Mayo. Los hago como parte de una terapia que me recomendó mi psicoanalista, aquel que veo dos veces al mes en días impares y de lluvia. Hace mucho que no voy y tengo ganas de que vea mis últimas creaciones. Son imágenes un tanto azarosas, sin rumbo, que nacen de trazos muy pequeños que hago con mano firme y automática. A veces, luego de hacer unas cinco mil linitas de variado tamaño, aspecto y dirección, aparece alguna imagen que se puede llegar a describir. Pero no me interesa…en verdad no sé dibujar y esta es mi forma de poner mi mente en blanco y hacer una suerte de arte domiciliario. Funciona bien, el otro intentaron comprarme uno por la calle, me negué, “dame ese” me dijo un hombre regordete, “esto no es un kiosko” le contesté. Luego me arrepentí…tenía hambre y quería comer un helado, en los bolsillos tenía una foto vieja de mis padres y una moneda búlgara que recibí como herencia de mi tio. Seguí caminando y planifiqué mi próximo dibujito. La vida seguía y yo estaba en la parada del colectivo.

Cuentos inconclusos (3ª parte)

Soy de esas personas, suponiendo que hay más, que con tal de no llamar la atención vierten el orín sobre las paredes del inodoro y no directamente sobre el agua o lo que sea ese líquido que hay ahí. Así evito ese escandaloso ruido,y la gente, si es que existe, no se da cuenta que estoy en el baño. Lo hago con plena conciencia.En serio.

Soy ese del que hablan abajo, el que le gustaría ser cartero para perderse en largas caminatas, dejando la mente subir y recitar monótonos circunloquios en donde me explayo sobre temas tan interesantes como: ser un rock star en decadencia, ser muy famoso y genial y que me hagan entrevistas todo el día, divagar sobre lo mal que está todo y tener un montón de soluciones y razonamientos válidos para retrucar a todo el que quiera, imaginar una vida placentera en un monasterio budista en un perdido pueblito de Asia (no tengo datos precisos sobre el país ni ubicación), ser una suerte de ser santificado que salva a la humanidad. Todos los días hago eso.