“Si hay algo que hace que Dostoievsky tenga un valor incalculable para los lectores y escritores americanos es que parece poseer niveles de pasión, convicción y compromiso con cuestiones morales profundas que nosotros- la gente de aquí y de ahora- no nos permitimos o no podemos permitirnos…creo que cualquier escritor-lector americano se verá a sí mismo impelido a pensar muy seriamente en qué es exactamente lo que hace que muchos de los novelistas de nuestro país y nuestra época parezcan tan superficiales y pusilánimes en sus temas, tan moralmente empobrecidos, en comparación con Gogol o Dostoievsky…nos hace preguntarnos por qué parece que en nuestro arte necesitamos distanciarnos mediante la ironía de las convicciones profundas o de las preguntas desesperadas, de forma que los escritores contemporáneos tienen que convertirlas en bromas o bien intentar abordarlas bajo el disfraz de algo como la cita intertextual o la yuxtaposición incongruente, metiendo las cosas realmente urgentes entre asteriscos como parte de alguna floritura multivalente de desfamiliarización o alguna mierda parecida”.
David Foster Wallace en Hablemos de langostas.