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- Tener perro en Manhatan y sacarlo a pasear por el Central Park es un símbolo de status importante.En lo posible que sea de tamaño standard a grande, nada de mariconadas chiquitas.

- El 90 % que viaja en el subte neoyorkino está leyendo un libro o escuchando su Ipod, los tiempos muertos en los no – lugares ya no existen.Todos estamos conectados.

- Las bicicletas de los estudiantes de Oxford están en bastante mal estado, rompen el idilio con una ciudad que te lleva a la Edad Media sin escalas y que pone en franca duda la validez de lo que uno estudió y la casa de estudios a la que asistió.

- Ver a dos jóvenes negros jugar al basquet en una canchita de Harlem tiene la misma fuerza simbólica que ver fútbol de potrero. Y ellos lo saben.

- Entrar a la National Gallery y ver en una misma sala los girasoles de Van Gogh y el Niño con paloma de Picasso es demasiado, debería estar prohibido por atentar contra el mal gusto y las malas constumbres con las que convivimos permanentemente.
2 comentarios
Febrero 23, 2009 a las 6:15 pm
este El-Rodri me come como lima nueva
Marzo 23, 2009 a las 8:12 pm
Coincido en casi todo lo que decís, digo casi todo por lo del subte en NYC. Yo también noté que todos están leyendo o escuchando el Ipod y que solamente algún menesteroso y yo mismo éramos los únicos que furtivamente mirábamos a los demás. Y me pasó en casi todos mis recorridos subterráneos. Los demás están conectados, pero consigo mismos únicamente y totalmente desconectados de los demás. Hay un autismo grave. Nadie mira a nadie. Creo que si meás en el medio del subte la única reacción posible es que la gente se aparte para que no la salpiques y sigan escuchando su Ipod o leyendo su libro. No imagino deconexión mayor. Y lo paradójico es que muchos de ellos llegarán a sus casas ansiosos por conectarse al facebook o a su blog, y entonces sí tratar de “reach out”, no?
Leí una vez un poema de un americano (no puedo identificarlo ahora, uno de los grandes) que viajaba en un colectivo y miraba unas chicas, a las que describía muy bien, muy admirativamente sus imágenes, sus risas, sus miradas y se preguntaba “Where do they go? Where do they come from? To whom do they belong?”. Hoy en el subte neoyorkino no hay más de esos poetas.